Papá, te quiero mucho

Antes de nada, el título de este vídeo es de cosecha propia. No tengo información del autor, ni puedo daros ningún dato al respecto, pero al verlo hoy en el perfil de una amiga mía en Facebook, no he podido aguantar las ganas de poder subirlo a mi blog para poder compartirlo con todos vosotros.
En una pequeña/gran lección para aplicarnos a todos nosotros en nuestra vida cotidiana. Como veréis, es enternecedor, o eso me parece a mí, y contiene un mensaje muy claro y directo.
No suelo hablar mucho de mi familia y mis penas, pero quien me conoce, sabe la gran pérdida y el dolor que supuso para mí el fallecimiento de mi querido padre en el año 2001. No hay día y hora que no le recuerde. Lamentablemente nos dejó muy joven, y siento con gran tristeza no poder abrazarle, besarle, contarle mis problemas (aunque lo hago y espero que me oiga) y que me de sus sabios consejos.
Siento que no conociera a su nieta Sasha y que de su nieto Diego sólo tenga una foto con él. Siento amargamente no poderle decir: “Papá, te quiero mucho”. Siento no poder comer con él los fines de semana los ricos cocidos y paellas que hace mi santa madre. Siento no poder hablar de nuestro querido Real Madrid y de jugarnos unos muses con nuestros amigos. Echo de menos sus bromas, sus palabras siempre de apoyo, sus chistes y su buen humor constante. Echo de menos las siestas que nos regalábamos mano a mano en el salón.
Quisiera que en estos momentos estuviera disfrutando de su esperada y anhelada jubilación con mi madre para poder realizar esos viajes que tanto le gustaba hacer. Quisiera decirle a la cara “gracias por todo”. Gracias por quererme y ser feliz. Gracias por el cariño que me diste. Gracias por la eduación y el esfuerzo que te tuvo que costar sacarnos adelante. Gracias por ser un padre ejemplar. Gracias por ser el espejo donde me miro a diario. Gracias porque, a pesar de la pérdida de un hijo, mi querido hermano Fernando, seguiste fuerte por los demás. Gracias por estar siempre a mi lado. Gracias por las lágrimas que derramo al escribir esto.
Siento que no estés aquí para también pedirte perdón por tantas veces en las que no te hice caso, en las que no seguí tus sabios consejos. Perdón por hacerte pasar malas noches y que durmieras en el sillón para comprobar que llegaba sano y salvo después de una noche de copas. Pedirte perdón por lo mal estudiente que fui y el poco provecho que hice de ello. Perdón por las discusiones estúpidas y sin sentido. Perdón por dejarte de hablar por tonterías. Perdón, en general, por todo lo que te pudo hacer daño por mi culpa. Perdón por decirte pocas veces: “Papá, te quiero mucho”.

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