La fiesta de Sant Jordi

No queremos deslucir otros grandes acontecimientos de nuestro país como las Fallas de Valencia, los Sanfermines, la Feria de Abril, la Tomatina, la Romería de El Rocío o los majestuosos Carnavales de Tenerife, entre otros. Simplemente, aprovechando las fechas, hemos querido hacer un homenaje a una bonita historia en la que, un dragón, una princesa y un príncipe son los protagonistas.

San Jorge, personaje alrededor del cual gira toda la leyenda, fue un militar romano nacido en Capadocia, la actual Turquía (y no en Cataluña como muchos creen) que fue torturado y finalmente decapitado el 23 de abril de 303 por negarse a perseguir a los cristianos. Su valentía le convirtió en Santo.

Con el tiempo, esta historia, fabulada de generación en generación fue  convirtiendo a San Jorge en un héroe patrón de caballeros, pueblos y ciudades.

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La fachada de Casa Batlló se engalana de rosas el día de Sant Jordi

La leyenda del personaje también llegó a Cataluña y fue el tiempo el que se encargó de crear un sinfín de leyendas que rodean el origen de la festividad de Sant Jordi y entre ellas, la de un terrible dragón que atemorizaba a la población de Montblanc en Tarragona. El enorme dragón de aliento fétido, vivía en las afueras del  pueblo y cada vez que se acercaba más a las murallas de Montblanc en busca de comida. Los habitantes del pueblo, muertos de miedo, consiguieron satisfacer su hambre ofreciéndole todo el ganado que tenían. Pero pronto, el alimento se acabó y ya no había nada que consiguiese mantener al dragón alejado de la población. El rey decidió entonces sacrificar a sus gentes: metió en un puchero el nombre de todos los habitantes del pueblo, incluido el suyo propio y el de su hija. Cada mañana, al amanecer, una mano inocente sacaba el nombre del próximo que sería pasto de las fauces del dragón. Un día, salió el nombre de la princesa y mientras ella avanzaba hacia su triste destino, apareció un caballero y mató al dragón con una lanza. La sangre del dragón se convirtió en un hermoso rosal del que, el bello caballero, cortó una rosa y la regaló a la princesa.

Supuestamente, a partir de ese momento, se empezó a celebrar el día de Sant Jordi. Coincidió que en 1996 la UNESCO marcó este día como día internacional del libro siguiendo la propuesta que hizo años atrás el escritor valenciano Vicente Clavel a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona.

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La leyenda del dragón y el caballero, el origen del día de Sant Jordi

La romántica historia del caballero, la rosa y la princesa se sigue conmemorando a día de hoy, y además de ser el día del libro por excelencia, es el día que los catalanes celebran en vez de San Valentín. El día de los enamorados, o día de Sant Jordi, es el día más romántico del año en el que cada enamorado regala una rosa a su pareja, aunque también vale un libro.




La tradición manda que la flor sea solo una: una rosa roja. Y que además, vaya acompañada de una espiga. ¿Por qué? Pues porque una única flor simboliza la exclusividad en el amor, el color rojo representa la pasión y le espiga es símbolo de fecundidad. El conjunto de estos tres elementos, se convierte desde hace años en el regalo perfecto para la persona amada. Pero, como hemos dicho antes, también podemos simbolizar el amor con el regalo de un buen libro. Y si no tienes pareja o te has quedado sin ideas para regalar, existe una aplicación de Facebook llamada “Sant Jordi Match” que se encargar de buscar el libro perfecto para esa persona ideal o,  a la persona perfecta a través de tus libros ideales. Todo un gancho para los solteros y los indecisos.

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El día de Sant Jordi es tradición regalar una rosa y un libro

La venta de libros se dispara en las fechas próximas a la fiesta. El año pasado, las cifras de ejemplares alcanzaron los 1,4 millones. Lo mismo pasa con el negocio floral, aunque la subida del IVA ha afectado y mucho al negocio, sigue siendo el día del año cuando más rosas rojas se vende.

Una particularidad de esta fiesta más que curiosa, es que no se celebra como día festivo. Es decir, toda Cataluña trabaja el 23 de abril. Quizás esto tenga un significado oculto, y es que el fin de esta “no fiesta” es quedarse en la ciudad paseando por sus calles ojeando libros y regalando rosas. Probablemente, si convirtiesen esta fiesta en un día no laborable, la mitad de los catalanes aprovecharían para descansar de la gran ciudad y las calles se quedarían desiertas y eso, está lejos de ser el mensaje que quiere transmitir esta fiesta.

Una original forma de combinar cultura, tradición y sentimiento sin entrar en convencionalismos. Ese “je ne sais quoi” que invade las almas cada 23 de abril llenándolas de prosa, poesía y… amor.

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